Perversión ¿Síntoma o estructura"

"A modo de invitación y presentación del taller que dará inicio el próximo 14 de marzo sobre la problemática de la perversión en psicoanálisis les propongo este texto, sin duda el inicio, de un trabajo conjunto que espero sea fructífero para todos"


El acercamiento psicoanalítico a la teoría de las perversioes, su instento de construir una teoría ha sido sin duda problemática. En este pequeño ensayo trataré de proponer un modelo para su acceso que permita abordar su conceptualización, tanto clínica como teóricamente.
Tomando como eje la obra de Freud, me parece necesario distinguir básicamente tres momentos en su construcción teórica.
a) El primero de ellos aparece integrado por los primeros trabajos de Freud, y en gran medida por la correspondencia con Wilhem Fliess. Insertada en medio de la teoría del trauma, en donde la perversión se piensa como el “negativo de la neurosis ”
b) El segundo momento corresponde a una paulatina dilución de la perversión en el campo de la neurosis, línea que tiene como su base el segundo de los tres ensayos (1905) , y que a nuestro modo de ver ha constituido la lectura dominante en la generalidad del psicoanálisis.
c) Un tercer momento, organizado a partir de los textos sobre el fetichismo (1927) y La escisión del yo en el proceso defensivo (1937) , que proponemos llamar “estructural”.
Como ya señalamos, en el primero de estos momentos la perversión aparece constituida como “el negativo de la neurosis” afirmación un tanto problemática y que requiere del análisis de la forma en que esta definición se produce en la obra de Freud.
En un primer sentido , este “negativo” puede entenderse como parte de un orden temporal, así lo propone en la famosa carta 52 a Fliess . Cuando Freud supone al trauma como si fuese una vivencia objetiva, consistente por lo general en un abuso sexual (la llamada “teoría de la seducción”). Esta conceptualización requiere como hipótesis complementaria, la existencia del “abusador” en la generación anterior a la del abusado. Se conforma así un ciclo generacional: abusador (perverso) – abusado (neurótico). El neurótico, como efecto de sus perturbaciones sexuales (una sexualidad infantilizada ), producirá una generación perversa, la que a su vez generará otra generación neurótica. Así por ejemplo, Freud entiende a la histeria no como una sexualidad desautorizada, sino como una perversión desautorizada.
En el mismo texto, párrafos antes, Freud ha propuesto un esquema de la constitución temporal de las neurosis (que devendrá posteriormente en el modelo de las fases de la organización sexual); en éste la perversión es entendida como el efecto de una seducción ocurrida cuando el aparato psíquico ya está constituido, o también en el caso de que no ocurra defensa alguna -si hubiese defensa no se trataría de una perversión sino una psiconeurosis.
La introducción del complejo de Edipo a partir de 1897, tiene sus efectos en esta teorización, pues con el abandono de la teoría del trauma, el seductor, si bien puede estar presente, ya no es necesario que esto sea así.
En Dora (1900), la negatividad de la perversión respecto de la neurosis, se sigue de lo trabajado en la carta 52 y ésta habrá de ser la línea dominante en la teorización: el neurótico manifiesta en forma distorsionada, es decir en síntomas, aquello que el perverso manifestaría en sus acciones:
“Pero el psicoanálisis enseña todavía algo más. Muestra que los síntomas en modo alguno nacen únicamente a expensas de la pulsión sexual llamada normal (no, al menos, de manera exclusiva o predominante), sino que constituyen la expresión convertida {konvertiert} de pulsiones que se designarían perversas (en el sentido más lato) si pudieran exteriorizarse directamente, sin difracción por la conciencia, en designios de la fantasía y en acciones. Por tanto, los síntomas se forman en parte a expensas de una sexualidad anormal; la neurosis es, por así decir, el negativo de la perversión ”
Mucho más adelante, en la cuarta de las cinco conferencias en la Universidad de Clark (1910) afirmará:
Las neurosis son a las perversiones como lo negativo a lo positivo: en ellas se rastrean, como portadores de los complejos y formadores de síntoma, los mismos componentes pulsionales que en las perversiones, pero producen sus efectos desde lo inconciente; por tanto, han experimentado una represión, pero, desafiándola, pudieron afirmarse en lo inconciente .
Es necesario señalar que para Freud las perversiones, como gran parte de sus conceptualizaciones en esta época, tienen un sentido que podríamos llamar descriptivo. Así ser perverso significa ejercer una determinada conducta, específicamente en el plano relativo a la elección de objeto o la forma de satisfacción sexual, siguiendo aquí las formulaciones y los criterios desarrollados por Havelock-Ellis.
En Tres ensayos para una teoría sexual (1905), Freud propone su tesis de la organización infantil de la sexualidad, hipótesis por demás polémica, pero que atribuye a la sexualidad un proceso de construcción, radicalmente distinto a una maduración biológica. Así, Freud supone para las neurosis, una determinación que las hace depender de la forma de esta organización en determinados momentos clave, las llamadas fases de la organización sexual.
Este concepto requiere, a mi parecer, de una serie de precisiones para su adecuada inserción en el campo psicoanalítico, mismas que nos servirán para sostener el sentido de la problemática perversa. La primera precisión hace a la necesidad de separar este concepto del terreno biológico; lectura que devino dominante en gran parte del psicoanálisis postfreudiano y que incluso hoy en día mantiene este privilegio fuera de lo que podríamos llamar el campo lacaniano. Es necesario pues un breve rodeo para analizar las diferencias radicales entre las referencias freudianas a las “fases de la organización sexual” y el concepto que se ha impuesto de “etapas del desarrollo del niño”
El término “etapa” refiere una sucesión temporal y una meta implícita en dicho movimiento, (como las etapas de una carrera ciclista); las etapas tienen un principio y un final y llevan una sucesión determinada y necesaria. El concepto Freudiano corresponde al término “Fases” (Phasen) cuyo sentido es bastante distinto ya que remite a conceptos tales como las “fases” de la Luna. En este sentido, es obvio que las llamadas fases de la Luna no son una propiedad de la Luna en sí misma, sino el efecto visual que, para quien está en la Tierra, se produce a partir de las posiciones relativas de tres elementos (la Luna, la Tierra y el Sol), de modo que la distinta disposición espacial de estos elementos nos hace ver que la Luna posee distintas fases (cuarto menguante, cuarto creciente, Luna llena y Luna nueva). Es este el sentido dominante que la expresión toma en la obra de Freud cuando nos propone que la sexualidad infantil (toda sexualidad es infantil) es el resultado de un proceso de organización (no de un desarrollo), y que en este proceso es esencial la presencia del otro, ya que es desde ahí que se organiza sexualmente el cuerpo humano, postulado que Freud mantendrá a lo largo de su obra; por ejemplo, y en las mismas conferencias en la universidad de Clark, donde señala, que el niño toma como objeto a ambos miembros de la pareja parental, siendo esto es efecto de una incitación de los padres mismos, “cuya ternura presenta los más nítidos caracteres de un quehacer sexual, si bien inhibido en sus metas.” Hace lo mismo en Introducción del Narcisismo (1914), donde señala que la actitud de los padres hacia el niño es una reedición del narcisismo propio . Esta línea se trabajará con mucho mayor detalle en el capítulo VII de Psicología de masas y análisis del yo (1921) .
Sé que se argumentará en este momento sobre la innegable presencia de procesos biológicos que determinan la maduración sexual del animal humano. No pretendo negar semejante evidencia, sino señalar que no es este el eje de la problemática psicoanalítica, sino la de la construcción necesariamente social, y por ende simbólica, de la sexualidad humana. Así, para el psicoanálisis, su temática no es el desarrollo del niño (cosa que no negamos ocurra) sino la sexualidad que se organiza simbólica e imaginariamente, y si se organiza, es como efecto de la presencia de la otredad en su doble dimensión: imaginaria (otro) y simbólica (Otro).
Sin embargo, en gran parte del campo psicoanalítico se ha privilegiado una lectura biologista, en la cual la imagen de un desarrollo se ha impuesto con todos sus corolarios y efectos tanto explícitos como implícitos. Uno de estos efectos ha sido la construcción de un esquema de normalidad/normatividad que propone una sexualidad “normal-sana” en oposición a una otra sexualidad que sería patológica; la cual se interpreta como el resultado de la “fijación” en las etapas infantiles. Así, esa sexualidad infantil que Freud había traído al espacio de lo normal para el pensamiento occidental, se ve paradójicamente transformada –merced a este discurso- en la fuente de las patologías del adulto. Con esta normativización se introducen implícitamente la meta ideal de una sexualidad “adulta-normal-sana” y el concepto de un “objeto genital maduro” (con una heterosexualidad implícita y muchas veces explicita). De este modo es innegable que al menos cierto psicoanálisis se convierte en un agente de normativización e instrumento de poder del logos moderno.
De ello que la perversión se vea reducida, explicada y entendida como el efecto de una de estas fijaciones y entra así en el campo de organización de las neurosis. Pierde -o no logra fundar- su identidad y se convierte en una sintomatología más. La sexualidad del neurótico es, al igual que la del niño, perversa y polimorfa. En este sentido el término perversión se ha hecho sinónimo de parafilia, limitando su alcance al terreno de una “patología sexualis ”.

Comentarios

Antonio Bahamondes Solis ha dicho que…
Como siempre...nada que acotar, tú eres el experto, cada vez que leo este blog, me gusta mas el psicoanalisis, y a la vez me pregunto en que area del psicoanalisis estaria mi forma de ser, ya que cada vez que leo algo de este blog me cuestiono mas el como soy en este mundo cotidiano...un saludo muy afectuoso a todos por esos lugares
Anónimo ha dicho que…
Mi querido Héctor, esta descripción tan clara y sencilla, me saca de un atolladero en el que me metí al escribir el libro sobre Perversión: el concepto de la sexualidad infantil como perversa polimorfa y pretender que si esto persistiera en un adulto,terminaría siendo un perverso (ya no polimorfo, precisamente) en su estructura psíquica. Al menos esa es una explicación que se desprende de no leer mejor a Freud. Otro elemento que me sirve para dilucidar más ampliamente el tema, es el de pensar a la perversión, en el neurótico como su síntoma, producido por la represión de su fantasma y deseos perverso. Los síntomas neuróticos pueden entonces, como las formas que encuentra el neurótico de expresar su perversión.

Ojalá pudieras desarrollar un poco las propuestas que Lacan da para ubicar a la Perversión dentro de las otras dos estructuras: Neurosis y Psicosis y sobre todo mencionar lo que varios autores afirman de que el perverso no es analizable. Saludos.
Enrique López.

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