Sujeto y psicoanálisis Prólogo.

Prólogo
¡Atención, lectores, atención!
El título del libro que tienen en sus manos es equívoco. No encontrarán aquí una investigación arqueológica, una recuperación de una antigüedad sepultada. El método seguido por Héctor A. Escobar desdeña la piqueta y la paciente reconstrucción del pasado a partir de fragmentos de piezas quebradas. Su visión apunta al presente y, más aún al futuro de las prácticas "psi".
También se equivocarían si creyesen que van a asistir a una exposición del pensamiento de Foucault o de una aplicación del mismo al terreno de las psicologías. Parece que Escobar hubiese descubierto a poco andar que tal investigación era posible... pero que no valía la pena. Que lo interesante estaba en ver cómo Foucault se enfrentaba con la cuestión de la subjetividad, que lo interesante era aplicar al Foucault los instrumentos conceptuales que él mismo usara y ver los puntos en que la marcha de su discurso se traba y tropieza en el camino por él elegido. En suma; se trata, según se ve, de la arqueología de los discursos... de Foucault. Los discursos, sí, así, en plural. Porque hay más de uno en el camino que lleva de Enfermedad mental y personalidad a Las palabras y las cosas, de éstas a La historia de la locura en la época clásica, y, de tal historia del encierro a la Historia de la sexualidad, para acabar en las  conferencias sobre las Tecnologías del self. Foucault es quien más insistió en que la identidad de un autor no es la del registro civil, que la identidad no existe, que un autor que se respete es el paradigma del perpetuum mobile, que nunca está dos veces en el mismo lugar.
El menor homenaje que se le debe, y Escobar no lo escatima, es el de aplicarle a él mismo los principios que promovió. Al proceder de tal modo el autor de esta brillante tesis encuentra el punto que provoca el embarazo de Michel Foucault. Tal es el título que yo hubiese escogido para este ensayo: El embarazo de Michel Foucault. Propongo al lector que considere esa alternativa cuando lo lea. Lo que Escobar demuestra es que el psicoanálisis constituye el sitio del embarazo. No la inhibición, no la angustia, no el síntoma; si la trabazón, l'embarras. Una expresión francesa viene al caso: Foucault se halla comme un poisson avec une ponme, es decir, literalmente, como un pescado con una manzana. No sabe qué hacer con el  descubrimiento del inconsciente y con la lectura lenguajera que Lacan le ofrecía en esos mismos años.
Ya lo había notado, cuando no, en un texto célebre, Jacques Derrida. Y lo había hecho con su habitual elegancia: tomando una frase del propio Foucault y mostrando, de la frase la rugosidad. Elevando una parte de una frase a la jerarquía de un título: Ser justo con Freud, una consigna que Foucault se da a sí mismo en cierto punto de la Historia de la locura y que refleja, es claro, la tentación de no serlo, de privar a Freud de lo más suyo en relación con los discursos psicológicos y psiquiátricos.
¿Cómo lo hace Escobar, nuestro autor? Demostrando que, para adentrarse en este tema hay que hacerlo Sin Foucault... Con Freud. Que la y las psicologías, incluyendo las tecnologías del self, del yo, de la personalidad, de la conducta, no son sino resistencias al saber del inconsciente. Con Freud, porque, en el momento de inscribir sus descubrimientos en el campo de la clínica de la escucha, hace caducos los discursos psicológicos que están todavía en pañales. Con Freud, porque declara a la psicología como ciencia nonata. Con Freud, porque esa nonata, si nace, es ya decrépita, viene al mundo clamando por su ataúd.
Derrida señala la marcha vacilante de Foucault en la doble adscripción que hace de Freud según los otros nombres con que puede juntar el suyo. Ora lo aúna con Nietzsche, apóstol de la razón de la sinrazón, ora con Pinel y lo solidariza con el encierro promovido por los bienpensantes. "Ser justo con Freud" es mostrar que el psicoanálisis tiene una inspiración que se hace inequívoca a través de la enseñanza de Lacan, que es una empresa de desmontaje del edificio de la represión armado en cada uno y en la cultura en general, a pesar de las  utilizaciones calamitosas que puedan haberse hecho de él y de las lamentables vicisitudes de su vida institucional en la que no pudo librarse de la maldición de las 'masas artificiales', de la Iglesia y del Ejército. "Ser justo con Freud" es señalar que sólo desde Freud es pensable una arqueología de las discursividades psicológica y psiquiátrica. "Ser justo con Freud" es negarse a la injusticia de sumar su obra como si fuese una más dentro de tales racionalizaciones, es reconocer la originalidad que denuncia con su sola existencia la falsedad de todas ellas.
¿Cómo hace Escobar esa justicia? Señalando que el discurso del psicoanálisis, que no es el de una psicología, marca una ruptura con todas las psicologías y que la problemática del sujeto que pasa al frente de la escena con el descubrimiento freudiano constituye un "momento postantropológico". Podría objetarse ingenuamente que este "postantropológico" es en realidad "pre" puesto que la obra de Freud precede cronológicamente o, en el peor de los casos, es  simultánea con el desarrollo de las psicologías. ¿Es verdaderamente así? Si, en la perspectiva de un tiempo lineal, de la crónica y de la sucesión de los acontecimientos. No, si se toma en cuenta que Freud no es un autor del pasado sino del futuro, un autor que está todavía esperando que se lo alcance a pesar de tantas y tan insistentes proclamas acerca de su superación. Freud escribe antes de toda antropología positiva y marca, desde Tótem y tabú, el camino para esta disciplina. Las "ciencias humanas" no son el precedente de un Freud que vendría después sino que son, hay que decirlo, resistencias, esfuerzos desesperados por encontrar qué oponer al inconsciente.
Para el psicoanálisis la cuestión no es la de afirmar su prioridad, su carácter de conocimiento más antiguo, con lo cual se integraría a la sospechosa alianza del saber con el poder, sino de reivindicar su condición post-. Desde que la obra de Freud comenzó a abrirse paso se encontró con "superadores" que pretendían ir más allá de ese pensamiento "clásico, de moda, moderno": las disidencias que Freud combatió eran todas de autores que creían superar sus limitaciones. Inmediatamente se veía que las presuntas superaciones no eran sino estrategias para retrotraer el pensamiento de la subjetividad a su etapa prefreudiana, intentos por recuperar a la conciencia, a la voluntad y al afecto, del golpe brutal que representaba la idea del inconciente. La temporalidad del saber-poder no es, pues, la de los calendarios. Todos los días pueden aparecer noticias acerca del último descubrimiento biológico que demuestra "la verdadera causa de la enfermedad mental" (como si hubiese tal cosa). Todos los días puede aparecer, incluso en la institución psicoanalítica misma, el promotor de un "nuevo paradigma" que pretenda hacer caducas las "viejas" categorías freudianas y hasta, escándalo de escándalos, pretender que Lacan es el autor de esa " Aufhebung " de Freud. La "avidez de novedades" que ya había sido denunciada en "Ser y tiempo", es una maquinaria que lubrica y da vida al motor de las reacciones. Nada puede hacerse mejor para volver a lo prefreudiano que presentarlo como postfreudiano... mientras Freud sigue esperando que se lo alcance y mientras los promotores de novedades se siguen jactando de superar lo que todavía no alcanzan a entender.
Es así como entiendo el proyecto de Héctor Escobar: no piensa a Freud desde Foucault sino a Foucault desde Freud, poniendo en evidencia que Freud es quien hace posible la elaboración de Foucault y que es la base ineludible de toda posible "historia de la sexualidad" y de sus relaciones con el poder. Por eso Escobar acaba su estudio tomando distancia con respecto a lo impensado de Foucault, esa manzana con la que éste se embaraza como un pez con una manzana. Y la manzana, ¿porqué no, acaso es impensable?, viene de la mano de una mujer.
Néstor A. Braunstein

Comentarios

Vicent ha dicho que…
Lo tangible, lo importante y con lo que tenemos que ponernos de garantía y respaldo es con lo que se dice y se hace, no con lo que se piensa, algo así como con la potencia y el acto de Aristóteles, el Hombre cambia, cada mujer cambia día a día pero no cambia, hay una esencia que precede a la existencia sin dejar la libertad de elección para cada caso y planteamiento.
Sobre la razón de la sinrazón de Nietzsche opino lo mismo o parecido que con lo anterior, Foucault toma el goce y lo lleva hasta la histeria, hasta la pregunta irresoluta, infinita e ignota: ¿qué quiere una mujer? ¿qué quiere mamá? y no se para en ella, no le da un freno ni un límite como no lo hace Nietzsche a pesar de su discurso, quizá se perdió en el contrapeso que supone el goce en el nudo, dándole sin darse cuenta o conscientemente mayor importancia o equiparándolo al deseo, al poder yo lo llamaría materialismo dialéctico, complejo de Edipo, muerte de Dios, transgresión o pecado original, formando así el cuarto elemento en el nudo gordiano que propone Lacan.

Vicent

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